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Alemania

Alemania busca dejar atrás la cuarentena y reabrir para la temporada de verano

El gobierno alemán busca dejar en el pasado la cuarentena por la pandemia de coronavirus. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores exteriores ya preparan las negociaciones con otros países europeos para que se pueda dar sin restricciones la temporada de vacaciones de verano.

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El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, anunció que desde este lunes el gobierno lanzará una ronda de reuniones virtuales con sus homólogos de países que son destino del turismo alemán, para intentar evitar las restricciones en la temporada de verano.

España, Italia, Austria, Grecia, Croacia,
Portugal, Malta, Eslovenia, Chipre y Bulgaria están invitados a una
videoconferencia para impulsar un enfoque coordinado para la reapertura de
fronteras al turismo,
según ha explicado el propio ministro Maas en una entrevista en la
televisión pública alemana ARD.

El ministro, además, ha señalado que el objetivo es acabar también con las
restricciones de viaje  al interior de Alemania, actualmente en vigor hasta el 14 de
junio. En su lugar, se emitirán alertas de viaje para que los turistas puedan
evaluar adecuadamente los riesgos.

El ministro, que es la principal figura del Partido Socialdemócrata
(SPD) en la “gran coalición” de la canciller Merkel, ha señalado que
aún restan numerosas incógnitas tales como el transporte para estos destinos
turísticos.

Dentro de las fronteras alemanas, en el reparto de
las ayudas del Estado para amortiguar la debacle económica, también se mueven miles de
lobbistas.
En la capital comunitaria hay 30.000 registrados, en Alemania se
calcula que operan unos 6.000. A diferencia del automóvil, las empresas energéticas y las
farmacéuticas, la industria turística no cuenta con grandes grupos de presión,
pese a representar el 10% del PIB en la Unión Europea y el 7,6% en Alemania. El
turismo es un sector heterogéneo y atomizado. Sin embargo, el grupo aéreo Lufthansa y
TUI, el mayor operador de turismo europeo, han empezado a mover las fichas.

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El grupo Lufthansa, por su parte, se encuentra actualmente en negociaciones con el
Gobierno para pactar un rescate económico, en paralelo con ayudas similares hechas por Austria,
Bélgica y Suiza para sus filiales Austrian Airlines, Brussels Airline y Swiss.

Es más que improbable que se reanuden rápidamente los viajes turísticos a España, Grecia o Turquía”, afirmó el comisionado del Gobierno alemán para el Turismo, Thomas Bareiss.

Alemania envía al exterior alrededor de 55 millones de turistas al año,
de los que 11 millones o el 12,1% aproximadamente eligen España como destino y,
por este orden, Baleares, Canarias y la Península. Le siguen como destino
vacacional Italia (4,9%), Turquía (4%) y Grecia (3,6%), países para los cuales el
turismo representa entre el 14,6% y el 12,1% de su PBI. Sin alemanes, al parecer, no hay
temporada. Y los alemanes, que suelen reservar sus vacaciones hasta con medio
año de antelación, se han hecho a la idea de que este verano se quedarán en
casa.

Como informamos la semana pasada en La Derecha Diario, la Unión Europea ha propuesto, en su hoja de ruta, la reapertura gradual
de fronteras en el espacio Schengen a partir del 15 de junio y sugirió la
creación de pasillos turísticos entre países que posean la misma situación epidemiológica
.
El 48% de los alemanes está en contra de esta medida e incluso corre el rumor de que la
relajación propuesta por Bruselas es una maniobra del eurocomisario de
Economía, Paolo Gentiloni, en favor de su país, Italia.

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“Una carrera en Europa
para ver quien permite primero viajes turísticos lleva a riesgos que no podemos
asumir”, avisó Heiko Maas

El ministro abogó por el
turismo nacional o por destinos que aseguren un retorno inmediato en caso de
necesidad
y que pueda realizarse con medios propios, es decir por tierra. Es por esto que a
partir del 15 de junio Alemania relajará tímidamente sus fronteras con los países
vecinos y en condiciones de reciprocidad. Ni una palabra sobre levantar la
cuarentena.

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Alemania

El gobierno de extrema izquierda en Berlín gana un referéndum para expropiar viviendas a los ricos

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Un gobierno de coalición entre socialdemócratas, ecologistas y comunistas creó en 5 años la peor crisis habitacional de la historia de Europa, y ahora van por más.

Berlín vive un momento de máxima tensión política como no se veía desde la caída del Muro. Desde 2016, el alcalde socialdemócrata Michael Müller gobierna junto a Los Verdes y al partido comunista Die Linke, en un gobierno de extrema izquierda que en 5 años ha destruido la economía de la capital alemana.

Nada ha sufrido más las reformas socialistas que el mercado inmobiliario. Actualmente la capital está en una crisis habitacional sin precedentes. En 2016 y en 2019, el gobierno de coalición de Müller pasó leyes para regular los alquileres y la venta de inmuebles, lo cual solo profundizó la crisis.

Estas regulaciones y tope de precios llevó a que las viviendas solo sean accesibles para mega-empresas, las cuales no desaprovecharon la oportunidad y empezaron a comprar departamentos en toda la ciudad. Al ser un mercado tan inflexible y con precios tan altos y regulados, las empresas privadas podían sacar buenos márgenes a su inversión.

Pero en vez de identificar el problema como uno de exceso de regulación y corporativismo, el gobierno berlinés decidió presentar un referéndum, a votarse el mismo día de la elección federal de este domingo, para expropiar estas 200.000 viviendas que están en manos de conglomerados empresariales, además de otros 100.000 departamentos en manos de importantes familias que tienen más de 3.000 propiedades.

El resultado de la consulta popular fue abrumador: la postura a favor de la expropiación se impuso con el 56,5% de los votos al rechazo, el cual solo obtuvo un 38,8%. Asimismo, los votantes que votaron por el “Sí” lograron superar el piso mínimo requerido para la validación del plebiscito – el cual se ubicaba en 611.900-, al obtener un total de 717.363 votos.

Si bien el referéndum no es vinculante, no hay dudas que el gobierno de Müller empezará con las expropiaciones masivas prontamente. En sus discursos ha dicho que él cree que la situación se solucionará solo con una intervención del Estado, expropiando las viviendas “de los ricos” y ofreciéndolas a precios más bajos podrá reducir la especulación inmobiliaria y ofrecer espacios habitacionales a precios más accesibles.

Michael Müller, el alcalde que lidera un gobierno de extrema izquierda en Berlín.

Actualmente, el 80% de los berlineses alquila ya que es imposible comprar una vivienda por los altos precios de los inmuebles, y se estima que entre 2017 y 2030 la ciudad necesitará al menos 200.000 nuevas propiedades para hacer frente al problema de vivienda.

El miércoles pasado, antes del referéndum, el gobierno de Berlín ya había comprado a las principales inmobiliarias, Deutsche Wohnen y Vonovia, adquiriendo 14.750 viviendas y 450 locales por 2.500 millones de euros (casi 3.000 millones de dólares), con el fin de intervenir en los precios del alquiler.

Estas propiedades serán distribuidas entre las compañías públicas de vivienda de la ciudad y se suman a otras 6.000 casas sociales que habían sido compradas en 2019 a la inmobiliaria Ado Properties.

Sin embargo, el nivel de expropiación que la coalición entre socialdemócratas, ecologistas y comunistas tiene en mente para lograr su objetivo es tal que necesitaban de un plebiscito que les otorgue un apoyo público porque la situación se pondrá muy oscura muy pronto.

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Alemania

Triunfo acotado de la izquierda en las elecciones de Alemania y futuro incierto tras la salida de Merkel

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Las elecciones alemanas están más fragmentadas que nunca: el izquierdista Olaf Scholz se impone pero no logra una mayoría clara para suceder a Angela Merkel.

Los alemanes acudieron a las urnas este domingo 26 de septiembre para definir al sucesor de la canciller Angela Merkel, quien dejará el poder tras 16 años al frente del gobierno, y se va con una profunda crisis política y social.

Tras el recuento de los 299 distritos electorales, los socialdemócratas se alzan como ganadores con el 25,7% de los votos y 206 bancas, dejando a los demócrata cristianos de la CDU/CSU en segundo lugar, con el 24,1% del total y solo 196 bancas. Perdieron 7,9 puntos porcentuales respecto a las elecciones pasadas y el histórico partido alemán obtuvo su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial.

Los Verdes quedan como el tercer partido más votado, con el 14,8% de los votos y 118 escaños, haciendo así la mejor elección de su historia. Seguido quedaron los liberales progresistas del FDP, con 11,5% y 92 bancas; luego los derechistas de AfD, con 10,3% y 83 bancas; y últimos los comunistas de Die Linke, con 4,9% y solo 39 escaños.

El claro ganador de la elección fue el Partido Socialdemócrata alemán (SPD) y su candidato Olaf Scholz, actual vicecanciller de Merkel. Hace años que viene tratando de minar la autoridad de la saliente Canciller y ahora está a un paso de llegar al poder.

Scholz había apostado a una coalición de izquierda con Los Verdes y Die Linke, una composición de gobierno que a pesar de los desastrosos resultados económicos viene imponiéndose fuerte en Berlín. Pero la suma de estos tres partidos quedó apenas afuera de poder lograr la mayoría: ganaron 363 parlamentarios y necesitan 368.

Esto abre la puerta a una enorme cantidad de posibilidades, donde Scholz queda al frente en prácticamente todos los casos. Al fallar conformar una mayoría de izquierda, el mandato de gobierno pasaría a Armin Laschet, el líder de la CDU. En papeles, Laschet podría conformar un gobierno de derecha junto a la CSU de Markus Söder, el FDP y AfD con 371 bancas, pero ni él ni el líder liberal Christian Lindner quieren unirse a la derechista Alice Weidel, y desde antes de que se publicaran los resultados ya habían descartado esa alianza.

Otra posible conformación de gobierno de Laschet es con la CSU, el FDP y Los Verdes, que suman 407 bancas, pero tanto Söder como Lindner han dicho que las propuestas económicas ajenas al cambio climático de Los Verdes son inaceptables y esta alianza, si bien es más posible que con AfD, también resulta poco probable.

Lo que los medios locales andan diciendo es que ante la imposibilidad de Scholz y de Laschet de hacer un gobierno de izquierda o de derecha, lo más probable es que vuelvan a armar lo que en Alemania se conoce como “Große Koalition” (Gran Coalición), que es una alianza entre el SPD y la CDU/CSU.

Con esta coalición es que Angela Merkel gobierna el país desde 2005 (excepto entre los años 2009 y 2013). El problema es que esta alianza siempre benefició a los demócrata cristianos, y la cancillería de Merkel nunca estuvo en duda. Pero con los resultados de esta elección la Gran Coalición debería tener por primera vez a Scholz a la cabeza, y Laschet, quien quería ser el sucesor de Merkel, de vice.

El nuevo gobierno deberá asumir en noviembre, y los partidos alemanes tendrán un octubre muy movido de negociaciones y disputan políticas por decidir quién se queda con el control del Bundestag.

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Alemania

Candidatos a la Cancillería debaten el futuro de Alemania: ¿Vuelve la peor versión de la izquierda al poder?

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Los siete aspirantes se presentaron en el debate de la “Ronda Final”, que fue televisado, para abordar seis áreas temáticas: “violencia de los negacionistas de la pandemia”, cambio climático, relaciones exteriores, economía, entre otras.

Los candidatos a los comicios alemanes debaten y los sondeos dan la ventaja  de Scholz

Todos los candidatos a la cancillería alemana participaron en el último debate televisado previo a los comicios generales del domingo 26 de septiembre. Esta será la primer elección sin Angela Merkel tras 16 años de gobierno ininterrumpido, y todas las encuestas indican que los socialdemócratas se harán del control del poder.

Los líderes de los principales partidos que aspiran a gobernar la primera potencia europea se prestaron en la televisión pública a abordar temas que en previos debates entre los tres mejor situados se habían ignorado, especialmente el del papel de Alemania en la Unión Europea y sus relaciones con países como China o Rusia.

Al debate llegaron el centroizquierdista Olaf Scholz (del Partido Socialdemócrata Alemán, el “SPD”) liderando los sondeos, el centrista Armin Laschet (por la oficialista Unión Cristianodemócrata, la “CDU”), quien permanece en segundo lugar, además de a la líder ecologista, Annalena Baerbock (del Partido Verde, el “Grüne”), al liberal Christian Lindner (del “FDP), a la comunista Janine Wissler (de La Izquierda, el “Die Linke”), a la derechista Alice Weidel (de la Alternativa por Alemania, la “AfD”) y al centroderechista Markus Söder (de la Unión Sociocristiana, la “CSU”), quien va en la misma lista que Laschet y está en alianza con la CDU.

Scholz llega a las generales con un 26% de respaldo en los sondeos y Laschet con un 22%, seguidos a cierta distancia por los Verdes, que comenzaron la campaña en la pasada primavera como la sorpresa que podía hacerse con el Gobierno y que ahora se tienen que conformar con una tercera plaza: alrededor del 16%, según el último sondeo de IPSOS.

El debate en la televisión pública no aclaró mucho más de lo que se sospecha sobre qué coaliciones podrán configurarse después del domingo, y quedó confirmado que si el SPD no pacta con la CDU/CSU, como hizo tantas veces mientras Merkel era Canciller, podrá tener el apoyo de los Verdes y de La Izquierda.

Quedó claro que la CDU/CSU rechaza cualquier acuerdo con los Verdes o La Izquierda, además de que nadie quiere pactar con la AfD, que sigue proscrita por el resto de los partidos alemanes acusándolos de ser “extremistas” y “antidemocráticos”. Todas mentiras que evitan un gobierno de centroderecha entre la CDU/CSU y la AfD, y beneficia a la izquierda.

Scholz intervino en tono y contenido casi distante e institucional, solicitó a los electores que refrenden lo que avanzan los sondeos, que no tiene dudas de que será el más votado, pero que le aporten una mayoría suficiente para liderar el futuro gobierno federal con tranquilidad.

El debate de la “Ronda Final”, como se le denominó, abordó a propuesta de los moderadores seis áreas temáticas: la “violencia de los negacionistas de la pandemia“, la vivienda, la economía, las relaciones exteriores, la “emergencia climáticay las posibles coaliciones.

Todos los partidos, menos el AfD, asegura que las protestas en contra de la cuarentena y de la vacunación obligatoria son parte de un movimiento conspiracionista neonazi que busca derribar al gobierno. Nada más alejado de la realidad, ya que son madres enojadas porque no pudieron mandar a sus hijos a las escuelas, comerciantes que quedaron en la calle por las restricciones y enfermeros que no quieren recibir la vacuna experimental de manera forzosa.

En tema vivienda, el SPD aseguró que quiere promover una ley de alquileres que penalice la vivienda ociosa, como ocurre en Berlín que ha llevado a precios impagables y una crisis inmobiliaria sin precedentes. Pero la socialdemocracia no aprende de sus propios errores.

En temas de la economía se destacó Laschet, quien rechazó la política de suba del salario mínimo que quiere introducir Scholz y le indicó correctamente que una ley de 12 euros por hora generaría un masivo desempleo. Scholz no quedó convencido. “Hemos escuchado todos estos argumentos cuando introdujimos el salario mínimo… Y todo funcionó bien. Conseguimos más trabajos, no menos como algunos predijeron”, dijo Scholz negado con la realidad.

Del intercambio de ideas pudo hablarse por primera vez en campaña sobre las relaciones exteriores de Alemania, especialmente su papel en la Unión Europa y con países terceros, donde China dominó los comentarios.

Scholz reivindicó que la Unión Europea tiene que “hablar con una sola voz” y prestó en su intervención su apoyo explícito a Francia tras el grave desaire causado por Washington con el acuerdo anunciado en materia de defensa en la región del Indopacífico con el Reino Unido y Australia que ha hecho perder a Francia un contrato multimillonario de suministro de submarinos.

Laschet abogó por un papel más fuerte de la Unión en materia de defensa pero pronto el debate abandonó los asuntos europeos, porque China y las prioridades que deben seguirse en las relaciones con el gigante asiático eclipsaron inmediatamente el fugaz interés de los candidatos del país más grande de la Unión.

El debate por el cambio climático fue de los más ridículo. Los moderadores les preguntaron a todos los candidatos qué están haciendo personalmente para bajar las emisiones de carbono.

“Conduzco un automóvil eléctrico y me divierto con él”, dijo Laschet, tratando de apelar a una parte de su agenda con la que se notó que no se siente muy cómodo. Además, tanto Laschet como Söder mencionaron que estaban comiendo menos carne, aunque sin haberla dejado por completo.

Baerbock de los Verdes, mientras tanto, respondió que había estado “viajando en colectivo toda la noche” en la campaña durante las últimas siete semanas, evitando vuelos domésticos de corta distancia.

Lindner, del FDP liberal, se presentó a sí mismo como una persona “climáticamente neutra”, y explicó cómo compraba certificados de CO2 cada año para “borrar” su huella. Weidel, de la AfD, dijo que usaba su bicicleta en lugar de un automóvil cuando era posible, pero agregó que realmente su partido no cree que la contribución humana al calentamiento global sea tan significativa como la describen los medios.

Por su parte, Scholz hizo un mea culpa y dijo que no iba a trabajar en bicicleta, si no que en su auto oficial, “aunque debería ir en bicicleta”, pero como un “político que viaja en convoyes de seguridad y toma muchos vuelos”, dijo que se le hacía imposible. 

Por último, y la respuesta más delirante fue la de Wissler, de Die Linke, quien dijo que limitaba el consumo de electricidad en su casa, apagando todo lo electrónico cuando llegaba de trabajar a la tarde.

Weidel dijo hacia el final del segmento que “cambio climático ha habido siempre” y que en la historia de la humanidad, incluso en la reciente, hubo períodos de más frío y otros de más calor. Estas declaraciones en Alemania son consideradas extremistas y muchos piden que sean censuradas “en nombre de la ciencia”.

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